Créditos con un clic: la letra chica de pedir plata prestada
“¿Sabés cuánto realmente terminás pagando?” Con esa pregunta arrancó el episodio que cierra, por ahora, este primer tramo dedicado a la plata y la tecnología. Después de hablar de billeteras virtuales y de estafas digitales en las dos semanas anteriores, tocaba hablar de algo que está en boca de todos los medios del país: cómo cambió pedir plata prestada, y qué tan fácil se volvió meterse en un problema del que después cuesta salir.
De la sucursal al clic
Antes, pedir un préstamo era un trámite con todas las letras: sacar turno, ir al banco, llevar el recibo de sueldo, el contrato de alquiler, esperar días para una respuesta. Alguien, del otro lado de un escritorio, revisaba papel por papel para decidir si te prestaba o no.
Hoy ese circuito convive con otro, mucho más rápido: con la misma billetera virtual que usás para pagar el kiosco, muchas apps te ofrecen un préstamo preaprobado en minutos, sin pisar una sucursal. Y no es un fenómeno chico: antes de la pandemia, menos de medio millón de argentinos tenía un crédito otorgado por una fintech. Hoy son más de 10 millones, y 3,8 millones de ellos no tienen ningún crédito bancario: la fintech es su única puerta de entrada al financiamiento formal (Cámara Argentina Fintech / consultora Analytica, agosto 2026).
El scoring: cómo te miden sin pedirte un papel
La pregunta lógica es: si ya nadie te pide la carpeta con los recibos, ¿en base a qué te prestan? La respuesta, como se explicó al aire, es que esa evaluación no desapareció, se automatizó. Mercado Pago, para tomar el ejemplo más grande, tiene acceso a todo lo que vos operás con ellos: cuánto entra, cuánto sale, en qué gastás, si pagaste a tiempo otras veces. Con eso arman un puntaje de riesgo —un scoring— y en base a ese puntaje deciden cuánto prestarte y a qué costo. Además, se apoyan en información de score públicos y privados, como el Veraz o los registros del Banco Central.
Vale una aclaración que quedó clara en el aire, y que conviene tener siempre presente al abrir la app: el “dinero disponible” es la plata que efectivamente tenés depositada en tu cuenta. El “crédito disponible”, en cambio, es plata que no es tuya: es lo que la fintech está dispuesta a prestarte en base a ese puntaje. Son dos números que aparecen juntos en la pantalla, pero significan cosas completamente distintas.
Este mecanismo, además, tiene un costado de tentación bien concreto: al pagar una compra en Mercado Libre —empresa hermana de Mercado Pago, que comparte esa información de movimientos— muchas veces la app ofrece directamente la opción de usar “crédito disponible” en lugar de la plata propia, con la cuota ya calculada ahí mismo, en el momento de pagar. Ya escribimos antes sobre cómo cambió la forma en que consumimos en la era digital; esto es una vuelta de tuerca más: la tentación de la deuda aparece en el mismo instante en que estás comprando otra cosa.
Como comparación, en Estados Unidos existe desde hace décadas el puntaje FICO, que va de 300 a 850 puntos: por arriba de 800 se considera un score excepcional. Ese historial se construye pagando las deudas en fecha y sin sobreendeudarse, y funciona como una llave de acceso a mejores condiciones de crédito. Localmente, la lógica es parecida: cada pago a tiempo dentro de una fintech puede traducirse, con el tiempo, en mejores condiciones —montos más altos, plazos más largos.
Muchas formas de generar deuda desde el mismo teléfono
Y esa evaluación automática no es para un único producto. Hoy conviven, todas dentro del celular, varias formas de pedir plata prestada: préstamos personales exprés con acreditación inmediata, tarjetas de crédito virtuales que se piden con un par de clics —tal como pasó en una casa de familia, donde apareció una tarjeta de Mercado Pago después de “hacer clic, clic, clic”—, adelantos de sueldo, compras en cuotas sin tarjeta y líneas de crédito rotativas.
Vale la pena distinguir tres tipos de tarjeta que suelen confundirse: la de débito, que solo permite gastar la plata que ya tenés; la de crédito tradicional, con un resumen mensual que se puede pagar completo o financiar en cuotas cuyo costo puede volverse muy alto; y una más nueva, la tarjeta de crédito garantizada o “asegurada”, donde uno deposita un monto por adelantado y gasta sobre ese depósito. Esta última existe, sobre todo, para construir historial crediticio desde cero, algo especialmente útil para quien recién empieza.
El crédito total de las familias argentinas ya suma casi 83 billones de pesos. El 81% todavía está en bancos, pero el 11,7% —unos 9,7 billones de pesos— ya está en fintech, y esa porción no para de crecer (Cámara Argentina Fintech / Analytica, agosto 2026).
El experimento
Para no quedarse solo en la teoría, la prueba se hizo en vivo: entrar a Mercado Pago y simular pedir un préstamo. El primer intento fue con un monto exagerado, a propósito, para ver qué pasaba. Y la propia app frenó la operación: “no te conviene, volvé para atrás”, advirtió, antes de dejar avanzar.
Con un monto más realista, la oferta fue esta: un préstamo de $11.360.000, a devolver en 24 cuotas de $824.648 cada una. Sumadas, esas cuotas dan un total de $19.790.000. Es decir: se piden 11,36 millones de pesos, y se terminan devolviendo casi 19,79 millones. Casi 8,5 millones de pesos más de lo que se pidió, en dos años. El número que resume esa diferencia en un solo porcentaje es el Costo Financiero Total, el CFT, que en esta simulación fue del 84,64% anual.
Ahí está el punto central del episodio: la tasa de interés sola no cuenta toda la historia. El CFT es el que suma la tasa, más los seguros, más los gastos administrativos, y por ley tiene que informarse siempre antes de aceptar un crédito. Una cuota de 824 mil pesos puede sonar manejable dentro de un presupuesto mensual; un CFT del 84% anual, mirado de conjunto, es otra historia completamente distinta. Los dos números hablan del mismo préstamo.
El experimento tuvo, además, una segunda parte espontánea al aire: revisando su propia cuenta, el conductor del programa encontró que su “límite disponible para endeudarse” era de $812.271, y que la app ya le sugería compartir más información personal a cambio de la posibilidad de aumentar ese límite en el futuro. Una muestra bastante clara de cómo estas plataformas construyen, casi sin pedir nada explícito, un perfil crediticio cada vez más detallado de cada usuario.
El país en números: una deuda que crece
Ese experimento personal no es un caso aislado: refleja algo que atraviesa a millones de hogares argentinos, y que esta semana estuvo en todos los medios. Un relevamiento nacional encontró que el 92,3% de los hogares argentinos tiene algún tipo de deuda, y que el 88,9% de esas deudas está impaga o incumplida en este momento. Un 28,4% de los hogares acumula más de tres deudas distintas al mismo tiempo, un salto fuerte frente al 12% que estaba en esa situación en mayo del año pasado (IETSE, agosto 2026).
En el sistema financiero formal, la mora de los créditos a las familias llegó al 12,8%, un nivel que no se veía desde la crisis de 2001, y que ya lleva 19 meses en subida constante (Infobae, con datos oficiales, 21/08/2026). El uso cotidiano del crédito también cambió de función: el 44% de los hogares ya destina más de la mitad de sus ingresos a pagar deudas, contra el 38% de marzo de este año, y el 62,5% de las compras con tarjeta hoy son para comprar comida, no para un electrodoméstico o un viaje (IETSE, agosto 2026). Un estudio de la consultora Management & Fit, hecho a fines de julio sobre 2.600 casos en todo el país, coincide en el fondo: buena parte de esas deudas se explican por gastos básicos, no por consumo de lujo (Management & Fit, vía Infobae, 06/08/2026).
La libreta con estampillas
Uno de los momentos más lindos del programa fue, justamente, el menos técnico. Hablando de por qué tanta gente cae en estos círculos de deuda sin darse cuenta, apareció el tema de fondo: la falta de educación financiera, sobre todo en los chicos. Y con eso, un recuerdo de otra época: la vieja libreta con estampillas del banco, esa forma casi olvidada de enseñar a ahorrar de a poco.
La historia económica argentina, con sus ciclos inflacionarios, no ayudó: cuando no se sabe qué se va a poder comprar mañana, la costumbre de ahorrar se debilita, y crece en cambio la propensión a gastar ya. Por eso insistimos tanto, episodio tras episodio, en que el problema casi nunca es solo de acceso a la tecnología, sino de comprensión: ya lo señalamos hace un tiempo al hablar de la nueva brecha digital, y acá pasa lo mismo, pero con la plata. Tener la app no alcanza; hay que entender qué es lo que esa app te está ofreciendo.
Las reglas para pedir sin ahogarse
Con todo esto arriba de la mesa, algunas reglas simples para pedir un crédito de forma responsable:
- Mirar siempre el CFT, no la cuota ni la tasa de interés sueltas: es el único número que junta todos los costos.
- Simular el total a devolver, no solo la cuota mensual, multiplicando cuota por cantidad de meses.
- Comparar dos o tres opciones antes de aceptar la primera oferta preaprobada que aparece en pantalla.
- Evitar pedir un crédito nuevo para pagar otro crédito: es la señal más clara de que la deuda empezó a crecer sola.
- Si el destino del crédito es un gasto que se repite todos los meses —comida, alquiler, servicios—, tratarlo como una alarma y buscar asesoramiento antes de seguir pidiendo.
Vale también un reconocimiento a la otra cara de la moneda: billeteras como Mercado Pago democratizaron el acceso al sistema financiero para mucha gente que antes quedaba afuera, sobre todo cuentapropistas y trabajadores informales que hoy pueden cobrar, pagar y comprar insumos sin necesidad de abrir una cuenta bancaria tradicional. La diferencia de fondo es que los bancos siguen respondiendo a toda la regulación del Banco Central, mientras que las fintech operan con normas bastante más laxas, con la flexibilidad —y los riesgos— que eso implica.
Cierre
Lo que cambió en los últimos años no es que la gente pida más plata prestada. Es que pedirla se volvió tan fácil, tan rápido y tan a un clic de distancia, que muchas veces se decide con la misma liviandad con la que se acepta cualquier otra notificación del celular. La tecnología te puede dar la plata en minutos. El tiempo para decidir si te conviene pedirla, ese tiempo, hay que seguir tomándoselo.
Lo fácil de pedir no siempre es fácil de pagar.
Si te lo perdiste, repasá los dos episodios anteriores de esta trilogía financiera: Billeteras virtuales: el fin del efectivo (o casi) y Estafas digitales: el cuento del tío 2.0 (y cómo no caer).
Tecnología al Paso se emite todos los martes a las 10 hs por FM Actualidad 93.7, General Villegas.

2 Comments
Comments are closed.