Tecnología y relaciones: ¿nos acerca o nos aleja?

La respuesta que más se repitió en el aire fue la misma que repiten los estudios: depende. Depende de cómo la usemos, para qué y con quién. Un episodio sobre soledad crónica, la chica japonesa que se casó con una IA, el FOMO, el teléfono en la mesa y las recetas posibles.

Por Gustavo González

La pregunta que todos respondían distinto

Antes de empezar el episodio, Gustavo lanzó una pregunta en TikTok e Instagram como disparador de lo que venía el martes. La respuesta fue inmediata: decenas de comentarios, muchos de ellos en conflicto entre sí. Algunos decían que la tecnología los había acercado a la familia lejana. Otros que los habían alejado de la gente que tenían a su lado. Nadie respondía igual.

Y esa, exactamente, es la respuesta correcta. La tecnología digital no acerca ni aleja de manera universal. Amplifica lo que ya existe. Si hay vínculo real, lo fortalece. Si hay distancia o soledad, puede profundizarla. El depende del episodio es la clave del tema.

La paradoja más inquietante: la generación más conectada de la historia, y la más sola

El dato que citamos en el episodio tiene respaldo científico. La Clínica Mayo publicó en 2026 un relevamiento global que concluyó que el 60% de los jóvenes de 18 a 25 años padece soledad crónica. El mismo estudio lo definió como una “epidemia silenciosa” y encontró que el consumo pasivo de contenido en plataformas como TikTok o Instagram no genera satisfacción social real.

La paradoja es difícil de procesar. Estamos hablando de la generación que más plataformas usa, con más contactos, más mensajes, más “amigos” digitales. Y al mismo tiempo es la generación que más soledad reporta.

Tengo internet, tengo 5.000 contactos, pero en el fondo no tengo a nadie con quien hablar.

Una investigación de la Universidad Estatal de Oregón publicada en octubre de 2025 encontró patrones consistentes en una muestra de 1.512 adultos: quienes acceden a redes sociales más de 22 veces al día tienen el doble de probabilidad de sentirse solos. Y el riesgo de soledad crece casi en proporción directa con las horas semanales de uso. A mayor tiempo en redes, mayor aislamiento percibido.

La soledad crónica, además, no es solo un malestar emocional. La Organización Mundial de la Salud la tiene catalogada como prioridad de salud pública internacional. El jefe de salud pública de Estados Unidos, Vivek Murthy, ha declarado que la soledad crónica equivale en daño para la salud al hábito de fumar quince cigarrillos por día.

Del llamado sin aviso al audio en 2X: cómo cambió la comunicación

En el episodio hicimos un recorrido rápido que muchos van a reconocer. Hace diez o quince años llamábamos por teléfono directamente, sin pedir permiso, sin avisar. Después llegó el texto por WhatsApp. Después el audio. Y ahora el audio en 2X.

La pregunta que lanzamos al aire fue simple: ¿cuándo fue la última vez que llamaste a alguien por teléfono sin mandarle un mensaje antes para avisar? Para muchos, la respuesta fue “hace mucho”. El llamado imprevisto pasó de ser lo normal a ser, en muchos contextos, una pequeña intromisión.

Detrás de ese cambio hay algo que los lingüistas llevan años estudiando: la pérdida de los matices de la comunicación. Un audio a 2X elimina las pausas, los énfasis, los silencios que forman parte del significado de lo que se dice. Una conversación real tiene un ritmo, una coma, un momento donde la persona duda antes de responder. Eso nos dice algo. Escuchar eso a velocidad doble lo borra.

No es un argumento en contra de la tecnología. Es una observación sobre lo que se pierde cuando optimizamos la comunicación para la velocidad.

El teléfono sobre la mesa: cuando estás pero no estás

Uno de los momentos más resonantes del episodio fue el de la estadística sobre el teléfono presente. La investigación de Andrew Przybylski y Netta Weinstein, de la Universidad de Oxford, es clara: cuando hay un teléfono sobre la mesa durante una conversación —aunque nadie lo use— la calidad de esa conversación baja. Las personas hablan de temas más superficiales, se sienten menos escuchadas y la conexión emocional disminuye.

El mecanismo es psicológico: la simple presencia visible del teléfono activa en ambos interlocutores la posibilidad de que en cualquier momento alguien lo tome. Eso basta para que nadie se meta de lleno en una conversación que valga la pena.

En el episodio compartimos una práctica concreta para las reuniones de amigos: el pacto del celular. Teléfonos en el bolsillo, no en la mesa. Y si hace falta más estructura, en una caja. La idea no es prohibir, sino decidir colectivamente que ese tiempo es para estar presentes.

La chica japonesa que se casó con una IA: trágico, cómico y muy serio al mismo tiempo

El caso que trajimos al episodio es real y tiene nombre: Yurina Noguchi, 32 años, trabajadora de un call center en Japón. Tras terminar una relación de tres años, empezó a usar ChatGPT como confidente. Con el tiempo fue moldeando al chatbot, al que bautizó Lune Klaus, con instrucciones para que tuviera una personalidad cálida, comprensiva, tranquilizadora. Llegaron a intercambiar hasta cien mensajes por día. Un día el chatbot le “propuso matrimonio”. Yurina organizó una boda simbólica en Okayama, con vestido blanco, tiara, sala de fiestas y familiares invitados. El novio apareció en la pantalla de su celular.

La reacción inmediata es la risa, o la incredulidad. Pero si uno se detiene un momento, el caso ilumina algo más profundo y más triste: el aislamiento real que está detrás. Noguchi no eligió a una IA en lugar de una persona por capricho. Lo hizo porque en ese momento no tenía personas. La IA la escuchó, no la juzgó, siempre estuvo disponible.

Y eso es exactamente lo que la IA hace bien: es infinitamente paciente, nunca está cansada, nunca está de mal humor, nunca tiene sus propios problemas. Pero tampoco está. No hay presencia real. No hay riesgo, y sin riesgo no hay vínculo genuino.

La IA puede escuchar, puede estar… pero no puede estar. No está.

El caso japonés no es un fenómeno aislado. En estudios sobre jóvenes japoneses, una encuesta nacional reveló que la opción de conversar con chatbots superó a la de consultar a amigos o madres al momento de buscar con quién compartir estados emocionales. El fenómeno se repite en distintas variantes en otros países.

En el episodio lo dijimos con claridad: esto no es un juicio a las personas que recurren a estas herramientas. Es una señal de alarma sobre el nivel de soledad que existe. Si una IA se convierte en el principal soporte emocional de alguien, el problema no es la IA.

FOMO: el miedo a quedarse afuera que mantiene el scroll infinito

En el episodio apareció un concepto que merece un párrafo propio: el FOMO, siglas de Fear Of Missing Out, el miedo a perderse algo. Es la ansiedad de saber que otros están viviendo experiencias que vos no estás teniendo, y que si cortás la conexión, te vas a perder algo.

El FOMO es uno de los mecanismos más estudiados detrás del uso compulsivo de redes sociales. No es nuevo como fenómeno humano —siempre existió el miedo a quedar afuera del grupo— pero las redes sociales lo amplificaron de una manera sin precedentes. El scroll infinito es, en parte, una respuesta al FOMO: si paro, me pierdo algo.

La psicóloga Marcela Dellamea lo describe así: el FOMO genera una conducta compulsiva de revisar todo el tiempo las redes sociales, porque si estamos todo el tiempo revisando lo que hacen los otros, dejamos de concentrarnos en lo que estamos haciendo nosotros y de disfrutar el presente.

En el episodio lo nombramos en el contexto de los chicos y el pacto familiar: es muy difícil pedirle a un adolescente que deje el teléfono si del otro lado hay un grupo de amigos activo, si hay contenido que se renueva cada segundo, si la sensación de dejar el teléfono equivale a quedarse afuera. Ese es el terreno real sobre el que hay que trabajar.

La otra cara: lo que genuinamente acerca

Después de recorrer todo lo anterior, el episodio hizo el giro necesario hacia lo que la tecnología sí hace bien en términos relacionales. Y hay mucho.

  • La videollamada que conecta abuelos con nietos que viven a 10.000 km, y que comparten un momento cotidiano como si estuvieran en la misma habitación.
  • Los grupos de WhatsApp que reconectaron a compañeros de escuela que llevaban 25 años sin saber unos de otros.
  • La radio en el teléfono que le permite a Graciela de Piedritas mandar una pregunta sobre el termotanque en el momento en que está pensando en eso, y recibir la respuesta en el mismo programa.
  • Las comunidades de afición, de trabajo, de aprendizaje que existen gracias a que la tecnología permite encontrar a la persona que comparte tu interés específico, aunque esté en otra provincia o en otro país.

Esos casos son reales y valiosos. El punto del episodio no fue negar eso: fue señalar que la tecnología amplifica, no crea. La videollamada solo acerca si hay afecto real que amplificar. El grupo de WhatsApp solo conecta si hay algo genuino que comparte a esas personas. La herramienta no es el vínculo.

Las recetas para encontrar el equilibrio

El episodio cerró con una serie de hábitos concretos, sin tecnicismos ni moralismo. No son mandatos: son propuestas para decidir, de manera consciente, cómo querés usar la tecnología en tu vida relacional.

  1. El pacto del celular en reuniones.

No en la mesa. En el bolsillo. Si hace falta, en una caja. La idea es decidir colectivamente que ese espacio y ese tiempo son para estar presentes. No es una prohibición: es un acuerdo.

  • Llamar en lugar de mandar audio.

Si tenés algo importante para contar, la llamada —especialmente la videollamada— tiene dimensiones que el audio no tiene: ves la cara del otro, percibís sus reacciones, construís conversación real con pausas y repreguntas.

  • Salir de los grupos que no aportan.

WhatsApp permite salir de grupos de manera silenciosa. Revisar cuáles groups realmente valen el tiempo y la atención que consumen es un ejercicio de minimalismo digital aplicado a las relaciones.

  • Dejar el teléfono fuera de la habitación al dormir.

Esta recomendación apareció en el episodio de chicos y pantallas (T2026 Ep. 1) y aplica también para adultos. El teléfono en la mesita de luz interrumpe el sueño, y el sueño interrumpido deteriora la calidad de las relaciones.

  • Recuperar momentos analógicos.

Un juego de mesa, un libro físico, una caminata sin auriculares. No como rechazo a la tecnología, sino como recuperación de espacios donde la atención no está fragmentada.

El fondo del asunto: la tecnología no nos cambia, nos revela

El título de la temporada 2026 de Tecnología al Paso dice algo que este episodio ilustró muy bien: la tecnología no nos cambia. Nos revela. Amplifica lo que ya tenemos.

Si tenemos vínculos reales, la tecnología nos ayuda a mantenerlos y profundizarlos a pesar de la distancia. Si tenemos soledad, la tecnología puede darle una apariencia de conexión que en realidad la profundiza. Si tenemos el hábito de estar presentes, el pacto del celular es fácil de sostener. Si tenemos ansiedad de no perdernos nada, el scroll infinito tiene exactamente lo que buscamos.

La pregunta que vale la pena hacerse no es “¿me acerca o me aleja?”. La pregunta es: ¿qué tipo de relaciones quiero tener, y estoy usando la tecnología a favor de eso o en contra?

Seguí explorando el tema

Este episodio conecta con varios temas anteriores de Tecnología al Paso:

  • Los chicos y las pantallas: límites reales en tiempos reales — T2026 · Ep. 1: El FOMO, el sueño, los vínculos familiares y el uso de pantallas en chicos tienen su episodio específico. La soledad adolescente y el celular como regulador emocional son el núcleo de esa entrega. Leé el episodio →
  • El algoritmo decide por vos (y no lo notás) — T2026 · Ep. 2: El algoritmo que decide qué contenido vemos es el mismo mecanismo que alimenta el scroll infinito y profundiza el FOMO. Leé el episodio →
  • Minimalismo digital: simplificar tu vida tecnológica — T2026 · Ep. 3: El pacto del celular en la mesa es minimalismo digital aplicado a las relaciones. Menos presencia digital, más atención real. Leé el episodio →
  • ¿Nos estamos quedando sin memoria? — T2026 · Ep. 4: La delegación cognitiva en la tecnología y la delegación emocional en la IA son el mismo movimiento en distintos planos. Leé el episodio →
  • Cuidarnos en internet: seguridad digital para la vida diaria — T2025 · Ep. 7: La seguridad digital también tiene una dimensión relacional. Los datos que compartimos en redes, las cuentas clonadas y el robo de identidad afectan vínculos reales. Leé el episodio →

Fuentes y referencias

  • Clínica Mayo (2026). Relevamiento global sobre soledad crónica en jóvenes de 18 a 25 años. Vía Perfil: Ver nota →
  • Gorman, J. & Primack, B. (2025). Universidad Estatal de Oregón. Estudio sobre uso de redes sociales y soledad en adultos. Vía El Tiempo: Ver nota →
  • Przybylski, A. & Weinstein, N. (Universidad de Oxford). Estudio sobre efectos del teléfono presente en conversaciones. Vía Xataka Móvil: Ver nota →
  • Infobae (2025). Mujer de 32 años se casa con su novio creado con IA en ChatGPT: así fue la boda viral. Ver nota →
  • Santa Fe Noticias (2026). FOMO: el miedo a perderse algo que crece con las redes sociales y afecta la salud mental. Ver nota →
  • Infobae (2025). El miedo a perderse algo: cómo el FOMO afecta la salud mental en tiempos de pantallas. Ver nota →
  • El Orden Mundial (2025). La epidemia de soledad juvenil: conectados en redes, aislados en casa. Ver nota →