El médico a un clic: cómo cambió (y qué no cambió) consultar por telemedicina
Después de tres episodios seguidos hablando de plata —billeteras virtuales, estafas digitales y créditos exprés—, esta semana arrancamos un bloque nuevo de la temporada: el cuerpo y el bienestar digital. Y el primer tema no podía ser otro: cómo la tecnología se metió en la relación con el médico, desde sacar un turno hasta la posibilidad, cada vez más real, de que una inteligencia artificial esté del otro lado ayudando al profesional.
Del teléfono que sonaba ocupado al turno por WhatsApp
Antes, sacar un turno médico era, muchas veces, una cuestión de paciencia: llamar, que comunique, esperar a que alguien atienda y anote. Hoy la mayoría de los turnos se sacan por WhatsApp, y en algunos sistemas ya de forma automática: elegís el día, te muestra los horarios disponibles y confirma sin que nadie tenga que atender el teléfono del otro lado.
Ese cambio, sumado a la posibilidad de la consulta virtual en sí, es lo que la pandemia aceleró de golpe y que hoy ya quedó incorporado como una forma más, no una excepción, de acceder al sistema de salud.
La receta que ya no se pierde en el bolsillo
Uno de los avances legales más concretos es la receta electrónica. Hoy, cuando el médico te receta algo, en muchos casos lo que recibís es un link: esa receta se puede imprimir, o directamente enviar a la farmacia, que la recibe de forma automática con solo el número de documento. Este esquema está respaldado por la Ley 27.553, sancionada en 2020, que además de la receta digital habilitó formalmente el uso de plataformas de teleasistencia en salud en todo el país.
El beneficio es doble: se termina el papel que se pierde en el bolsillo, y del otro lado —tanto en el consultorio como en la farmacia— hay mejores controles, tanto del stock de medicamentos como de qué es lo que efectivamente se está recetando y dispensando.
La escala real de la telemedicina en la provincia
Para dimensionar de qué estamos hablando, no de una anécdota sino de un fenómeno masivo: en la Provincia de Buenos Aires se registran alrededor de 772.000 consultas ambulatorias por telemedicina, y más de un millón de turnos se gestionan a través de la plataforma digital provincial. Y un dato importante: más de la mitad de quienes acceden a este sistema tienen exclusivamente cobertura pública, sin obra social ni prepaga.
Ese último punto es clave para un distrito como el nuestro. Estar lejos de los grandes centros médicos, o directamente no tener un médico estable en una localidad chica, ya no significa quedar afuera: la telemedicina permite, por ejemplo, hacer una interconsulta con un especialista que no está disponible en General Villegas, sin viajar ni trasladarse. En esa misma línea, el municipio viene avanzando con un sistema de salud digital para reforzar la atención en varias localidades del distrito que hoy no cuentan con un médico estable —una inversión concreta para que la telemedicina no sea solo una app, sino una herramienta real de los centros de salud del partido.
Lo que la pantalla no puede hacer
Ahora, la telemedicina tiene un límite que hay que tener siempre presente: no reemplaza el examen físico. No hay forma de que, a través de una pantalla, un médico use el estetoscopio o palpe algo. Por eso funciona mejor para seguimiento de enfermedades crónicas, interconsultas con especialistas, o una primera orientación, pero no para todo.
Y hay algo más que conviene cuidar: la seguridad de la información que se comparte en esas consultas. Documento, carnet de obra social, datos de salud: todo eso viaja por la plataforma que se elija, y no cualquier plataforma da las mismas garantías. Como ya contamos al hablar de estafas digitales, hay quienes se aprovechan de este tipo de esquemas haciéndose pasar por un turno médico para sacar información personal. Vale el mismo consejo de siempre: verificar con quién se está hablando y por qué canal, antes de compartir cualquier dato sensible.
Cuando la inteligencia artificial entra al consultorio
La otra gran novedad de esta semana tiene nombre propio. Martín Varsavsky —el empresario argentino-español detrás de varias compañías tecnológicas— trajo a la región Certuma, una startup de inteligencia artificial enfocada en el diagnóstico clínico, fundada en Austin a fines de 2025 y que ya levantó 10 millones de dólares de financiamiento. Su motor de razonamiento clínico se llama MedCanon, y el producto que ofrece a instituciones de salud se llama Certuma Copilot: un asistente de inteligencia artificial que acompaña al médico en la entrevista con el paciente, ayuda a decidir qué preguntas hacer y arma un resumen para la historia clínica, pero deja la decisión final siempre en manos del profesional habilitado. El proyecto, además, mira como referencia el marco regulatorio de la FDA de Estados Unidos para avanzar con más responsabilidades a futuro.
Ese concepto —la IA como “copiloto”, no como reemplazo— es la clave de todo lo que se viene en este terreno. Y hay un ejemplo que lo muestra bien: en Estados Unidos, cuando se instaló la idea de que la inteligencia artificial iba a reemplazar a los radiólogos que interpretan estudios por imágenes, muchos estudiantes dejaron de elegir esa especialidad. El resultado fue el opuesto al esperado: distintos relevamientos del sector ubican hoy el déficit de radiólogos en Estados Unidos en más de mil profesionales, con proyecciones de que ese número siga creciendo, justamente porque la inteligencia artificial abarató y multiplicó la cantidad de estudios por imágenes que se piden, y eso generó más necesidad de médicos que analicen esos resultados, no menos.
En paralelo, Google avanzó este año con Med-Gemini, una versión de su inteligencia artificial entrenada específicamente para el ámbito de la salud, capaz de procesar texto, imágenes y registros médicos electrónicos para generar reportes con un alto nivel de precisión, presentada dentro de su iniciativa Gemini for Science.
Cómo preparar una teleconsulta
Con todo esto ya incorporado al sistema de salud, quedan algunos hábitos prácticos que conviene adoptar:
- Antes de la consulta virtual, sacarle una foto o escanear los estudios y análisis previos, y enviarlos con anticipación al médico o a la secretaría, para no perder tiempo de la consulta buscando papeles.
- Estar atento a los mensajes del profesional: si hay una urgencia y el médico tiene que reprogramar, probablemente avise por WhatsApp y no por teléfono, así que hay que estar mirando esos canales, no solo esperando la videollamada.
- Tener en cuenta que los cortes de conexión o los problemas de conectividad son parte del riesgo de la modalidad virtual, algo que en una sala de espera física no ocurre.
Un bonus: por qué unas apps son fáciles y otras un dolor de cabeza
Cerramos la charla con una pregunta que llegó de un oyente: ¿por qué hay aplicaciones o páginas web tan simples de usar, y otras tan complicadas que dan ganas de tirar la computadora? La respuesta tiene nombre: experiencia de usuario, o UX. Es una disciplina específica dentro de la tecnología, con diseñadores y hasta psicólogos, que estudia cómo interactuamos realmente con una pantalla: no es lo mismo diseñar para un mouse, que es preciso como un punto, que para un dedo sobre un teléfono, que necesita botones más grandes. Tampoco es lo mismo diseñar para alguien que lee de izquierda a derecha que para una cultura que lee al revés, ni pensar la misma pantalla para un adolescente que para una persona de 70 años.
Cuando una aplicación de un banco, por ejemplo, resulta incómoda de usar, generalmente no es casualidad: es una señal de que falta inversión en esa área. Y ahí hay algo que podemos hacer como usuarios: cuando llega esa encuesta de “¿qué te pareció?”, vale la pena contestarla con honestidad. Es, literalmente, el canal por el que las empresas se enteran de que algo no funciona. Ya hablamos de esto, desde otro ángulo, en la nueva brecha digital: el problema casi nunca es no tener la tecnología a mano, es que esa tecnología no siempre está pensada para quien la va a usar.
Cierre
La idea de fondo de todo el episodio se puede resumir en una sola frase: la tecnología nos acerca a la medicina, pero no reemplaza al médico. Ni la telemedicina reemplaza el examen físico, ni la inteligencia artificial reemplaza el criterio clínico. Lo que sí está cambiando, y rápido, es cuánto puede acompañar y agilizar ese camino, para que un médico —o un especialista que antes estaba a horas de distancia— esté, de verdad, más cerca.
La tecnología acerca al médico, no lo reemplaza.
Repasá los episodios anteriores de esta temporada: Billeteras virtuales: el fin del efectivo (o casi), Estafas digitales: el cuento del tío 2.0 (y cómo no caer) y, sobre inteligencia artificial en general, Aprendiendo a convivir con la inteligencia artificial.
