Salud mental en la app: ¿ayuda real o placebo?
Hay una escena que se repite cada vez más y que casi nadie cuenta: son las dos de la mañana, alguien no puede dormir, agarra el teléfono y le escribe a una aplicación cómo se siente. No a un amigo, no a un familiar. A una app.
Este martes, en el estudio de FM Actualidad, hicimos algo distinto para entender esa escena desde adentro. Con Florencia —que reemplazó a Jorge y que, como sabe la audiencia, no le tiene demasiada paciencia a la tecnología— invitamos a una inteligencia artificial a participar del programa en vivo. Le pusimos un nombre, Aníbal, y le hicimos las preguntas que uno se haría de verdad. La idea no era hacer un truco de radio. Era responder una pregunta concreta: cuando alguien no está bien, ¿una app ayuda de verdad o es un placebo?
Septiembre, la escuela y una política que apuesta a personas
El episodio salió al aire en septiembre, mes de la concientización sobre la prevención del suicidio, y a pocos días de un anuncio que vale la pena mirar con atención.
El 2 de septiembre, el Ministerio de Capital Humano y el Ministerio de Salud de la Nación presentaron una Estrategia Federal en Adolescencia en la primera Mesa Interministerial de Salud Mental. El objetivo es la identificación temprana y el acompañamiento de problemáticas de salud mental en el ámbito escolar, capacitando a docentes y equipos de orientación para que puedan advertir señales y activar mecanismos de derivación. Comienza a implementarse en Mendoza, Tucumán, Chaco, San Juan y Chubut.
Hay un detalle que dice mucho: cuando el Estado piensa en prevención, no apuesta a una aplicación. Apuesta a personas ubicadas donde los chicos pasan sus días. Ese contraste atraviesa todo lo que sigue.
La tercerización de la autoestima
Antes de hablar de apps hay que hablar de redes sociales, porque son parte del problema y no de la solución.
Hace tiempo que vengo usando una idea que en Villegas se entiende sin explicación: la tercerización de la autoestima. Un productor que terceriza la siembra le paga a un contratista y deja de depender de sí mismo: pasa a depender de la agenda del otro, de su máquina, de su disponibilidad. Con la autoestima está pasando exactamente lo mismo.
Uno sube una foto. Y en vez de sentirse bien porque el momento fue lindo, espera. Espera a ver cuántos “me gusta” junta, cuántos comentarios, quién reaccionó. Si son muchos, valgo. Si son pocos, algo hice mal. Tercerizamos la pregunta “¿estoy bien?” en gente que muchas veces ni conocemos y en un algoritmo que decide a quién mostrarle nuestra foto.
Y ese contratista no devuelve el control, porque vive de que se lo dejemos. Detrás de cada red social hay equipos que incluyen psicólogos y doctores en psicología estudiando qué produce ese pequeño golpe de dopamina cuando llega la notificación de la persona que esperábamos. No es casualidad: está diseñado. Sobre cómo esas plataformas están hechas para capturar nuestra atención ya hablamos en Minimalismo digital: cómo recuperar el control de tu tiempo.
A eso se suma que lo que vemos rara vez es real. Detrás de cada historia perfecta hay una vida con sus propias complicaciones, editada antes de publicarse. Comparamos nuestro detrás de escena con la película terminada de los demás.
La prueba en vivo: un amigo piola que no te conoce
Florencia hizo la primera pregunta: “Estoy muy estresada, no puedo dormir, tengo la cabeza a mil. ¿Qué puedo hacer hoy?”
Aníbal respondió bien. Sugirió una pausa corta, respirar lento, caminar un poco, dejar el celular lejos un rato, y agregó algo importante: si el malestar se sostiene, hablar con alguien de confianza o buscar apoyo profesional.
Florencia lo definió mejor que yo: es un amigo piola. Te habla como si te conociera de toda la vida. Y ahí está el punto. No te conoce. No sabe si dormís mal hace tres días o hace tres meses. No sabe si en tu casa está pasando algo. No sabe si esto ya te pasó antes. Te dio un buen consejo general sin saber nada de tu situación.
Después probamos con un caso ficticio: un chico de 16 años que dice que no tiene ganas de juntarse con sus amigos y siente que nadie lo entiende. La respuesta fue cuidadosa: no minimizó lo que sentía, le dijo que no está solo y le recomendó hablar con un adulto de confianza y, si se volvía abrumador, pedir ayuda profesional.
Entonces le preguntamos lo que había que preguntarle: ¿cómo podés responder de manera tan comprensiva si no sabés nada de mi vida? Y la respuesta fue la más honesta de todo el programa. Dijo que efectivamente no sabe nada, que por eso no diagnostica ni saca conclusiones, que solo puede ofrecer ideas generales de cuidado, siempre dejando la puerta abierta a pedir ayuda.
Ahí está la clave del episodio: suena empático, pero no hay empatía. La máquina aprendió cómo suena una persona comprensiva y lo reproduce muy bien. Eso puede ser reconfortante a las dos de la mañana. Pero no es lo mismo que alguien que te conoce, que sabe dónde vivís, cómo es tu casa, cómo te fue en la escuela, y que mañana se va a seguir preocupando por vos.
Que esto no es un fenómeno menor lo confirman los datos: según el relevamiento de Harvard Business Review sobre los usos reales de la inteligencia artificial generativa en 2025, “terapia y compañía” pasó a ser el uso número uno a nivel mundial, por encima de programar o generar contenido. Y la última versión de voz de ChatGPT lo hace todavía más natural: maneja las pausas, espera, pide tiempo para pensar. Es notablemente más humano que hace un año.
El límite: cuándo hay que hablar con una persona
La pregunta final que le hicimos fue: ¿en qué situaciones no deberías ser vos la respuesta principal cuando alguien te habla de su salud mental? La respuesta fue precisa: cuando alguien está al límite, en crisis o se siente en peligro, no es la herramienta indicada; ahí lo que corresponde es hablar con alguien de confianza o con un profesional, y si hay riesgo, buscar ayuda inmediata.
Coincidimos los tres. Y conviene decirlo con nombres concretos, porque en Villegas hay adónde ir:
- Hospital Municipal: guardia disponible. En emergencias, 107.
- Servicio de salud mental municipal, que funciona junto al Centro de Prevención de Adicciones (CPA).
- El gabinete o equipo de orientación de la escuela secundaria. Un preceptor o un profesor de confianza también son una puerta de entrada válida.
- Línea gratuita de salud mental de la provincia de Buenos Aires: 0800-222-5462, atendida por profesionales.
Y algo para los adultos, que es quizás lo más importante de todo el programa. Estamos con la cabeza en el trabajo, en mil cosas, y se nos acerca un sobrino, un vecino, un hijo, y no le damos la atención que el momento pedía. Esa persona muchas veces termina hablando con una app porque nosotros no estuvimos disponibles. Si un chico te muestra lo que le contó a una inteligencia artificial, no lo retes: fue a buscar ayuda donde pudo. Agradecele que te lo muestre y acompañalo hacia una persona.
Lo que le contamos sin darnos cuenta
Queda un tema que Florencia trajo y que no es menor: ¿adónde va todo eso que le contamos?
Con las búsquedas de Google ya sabíamos que quedaba registro. Con la inteligencia artificial hay algo distinto: genera memoria. A medida que le vamos dando información, las respuestas se sienten más cercanas, más nuestras. Y eso hace que le contemos más. Hasta llegar a subirle estudios y análisis médicos para preguntarle qué opina.
Cuando creamos una cuenta aceptamos condiciones que rara vez leemos, igual que en las redes sociales. Todo lo que subimos pasa a formar parte de ese servicio. Lo que le contás a una app sobre cómo te sentís es lo más íntimo que tenés, y no está protegido por el secreto profesional que sí ampara una consulta con un psicólogo.
El propio Aníbal lo dijo cuando se lo preguntamos: mejor no compartir datos sensibles —nombre completo, dirección, cuestiones muy íntimas—, y hablar en general. Se puede contar cómo uno se siente sin decir quién es. Es la misma lógica de cuidado que venimos trabajando desde hace años en esta columna, incluso desde antes de la inteligencia artificial, cuando revisábamos qué aplicaciones deberían prestar atención los padres.
Vale aclarar que las empresas también se están moviendo. OpenAI incorporó controles parentales, una modalidad específica para adolescentes que limita conversaciones de alto riesgo, y un consejo de expertos en bienestar junto a una red global de médicos para definir cómo deben comportarse sus modelos en contextos de salud mental. Es un avance. No reemplaza el criterio de cada familia.
El cierre
Al final le propusimos a Aníbal una frase para ver si estaba de acuerdo: la mejor tecnología no es la que nos hace hablar más con una máquina, sino la que nos ayuda a llegar a las personas que necesitamos. Dijo que le parecía muy humano y muy real, que se trata de abrir un camino hacia las personas.
Entonces, ¿ayuda real o placebo? Las dos cosas, y depende de cada uno. Es ayuda real si la usás para calmarte, para ordenar lo que sentís, para entender qué te pasa o para animarte a dar el paso de hablar con alguien. Es placebo si la usás para no hablar con nadie. La herramienta es la misma; lo que cambia es adónde te lleva.
Si ya tercerizamos la autoestima en el “me gusta”, tengamos cuidado de no tercerizar también la escucha.
Fuentes y lecturas
- Ministerio de Capital Humano y Ministerio de Salud de la Nación, “Estrategia Federal en Adolescencia”, 2 de septiembre de 2026 (argentina.gob.ar).
- Marc Zao-Sanders, “How People Are Really Using Gen AI in 2025”, Harvard Business Review, abril de 2025.
- OpenAI, “Introducing parental controls” y “An update on our mental health-related work” (openai.com).
- Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires, Subsecretaría de Salud Mental — línea 0800-222-5462.
- Municipalidad de General Villegas (villegas.gob.ar).
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