La inteligencia artificial está cambiando el liderazgo.
Hace más de 25 años que trabajo en tecnología y, si algo aprendí durante este tiempo, es que las transformaciones tecnológicas nunca son solamente tecnológicas. Siempre terminan siendo transformaciones de las organizaciones y, fundamentalmente, de las personas.
Hace unos días estuve leyendo un informe muy interesante de Suárez Battán & Asociados, titulado La Agenda del Ejecutivo de Tecnología 2026, basado en una encuesta a 125 ejecutivos de tecnología de distintas industrias de Argentina.
Hay varios resultados que me llamaron la atención, pero uno en particular me hizo reflexionar.
El 70% de los encuestados considera que solo una minoría o muy pocos líderes están preparados para liderar iniciativas de inteligencia artificial.
Al mismo tiempo, el 78% considera prioritario el gobierno de la IA y el 72% pone el foco en el desarrollo de agentes de IA.
Es decir, tenemos organizaciones que quieren avanzar rápidamente con IA, pero reconocen que sus líderes aún no están lo suficientemente preparados para liderar ese cambio.
Y me pregunto: si esto está sucediendo en las empresas, ¿qué está pasando en el Estado?
De conocer la tecnología a saber qué hacer con ella
Cuando comencé mi carrera, a fines de los 90, el conocimiento técnico era uno de los principales diferenciadores de un profesional de la tecnología.
Conocer una plataforma, entender cómo funcionaban los sistemas empresariales, diseñar arquitecturas o resolver problemas complejos requería años de experiencia y especialización.
Hoy, con la inteligencia artificial, buena parte de ese conocimiento es mucho más accesible.
Esto no significa que el conocimiento técnico haya dejado de ser importante. Pero sí creo que está cambiando dónde se genera el verdadero valor.
El informe muestra algo revelador: cuando se les pregunta a los ejecutivos cuáles son las habilidades más importantes para un CIO, el 60% menciona liderazgo y gestión, el 59% planificación estratégica y visión, mientras que solamente el 7% incluye los conocimientos técnicos entre las tres principales habilidades.
El desafío ya no es solamente entender la tecnología, sino saber cómo utilizarla para transformar una organización.
Y eso requiere algo que no se aprende simplemente usando ChatGPT o desarrollando un agente de IA: criterio, experiencia y capacidad de liderazgo.
¿Y qué pasa cuando trasladamos esta discusión al Estado?
Creo que acá aparece una oportunidad enorme para Argentina.
Durante décadas, la modernización del Estado estuvo asociada principalmente con digitalizar trámites, implementar sistemas informáticos, mejorar la infraestructura tecnológica o permitir que los ciudadanos realizaran gestiones por Internet.
Todo eso fue importante y sigue siendo necesario.
Pero la inteligencia artificial nos obliga a pensar un paso más allá.
¿Y si, en lugar de preguntarnos cómo digitalizar un trámite, empezamos a preguntarnos por qué ese trámite existe?
¿Y si pudiéramos identificar procesos administrativos innecesarios, detectar ineficiencias en la asignación de recursos o mejorar la calidad de los servicios públicos utilizando IA?
Pensemos en situaciones concretas.
Un municipio podría utilizar inteligencia artificial para analizar reclamos de los vecinos, identificar problemas recurrentes y mejorar la planificación de los servicios.
Un organismo público podría incorporar agentes de IA para asistir en tareas administrativas, analizar documentación o agilizar procesos que hoy requieren múltiples intervenciones manuales.
En salud, educación o gestión presupuestaria, estas tecnologías podrían ayudar a identificar patrones, anticipar necesidades y proporcionar información de mejor calidad para tomar decisiones.
Pero hay algo importante: incorporar la inteligencia artificial al Estado no significa simplemente automatizar la burocracia existente.
Significa aprovechar la oportunidad para revisar cómo funciona.
Y eso requiere liderazgo político, conocimiento técnico, comprensión de la gestión pública y, fundamentalmente, voluntad de transformar procesos que muchas veces llevan décadas funcionando de la misma manera.
El Estado necesita líderes preparados para la IA
Si el 70% de los ejecutivos tecnológicos encuestados considera que hay pocos líderes preparados para liderar iniciativas de inteligencia artificial, creo que vale la pena hacernos una pregunta similar sobre quienes tienen responsabilidades de gobierno.
No tenemos datos de este estudio para responderla, porque la encuesta está orientada principalmente al sector empresarial.
Pero es una pregunta que deberíamos empezar a discutir.
¿Están nuestros funcionarios y dirigentes preparados para comprender las oportunidades y los riesgos de estas tecnologías?
¿Tienen herramientas para evaluar proyectos de IA, establecer prioridades y medir resultados?
¿Estamos desarrollando capacidades en el sector público o seguimos pensando que la transformación digital consiste principalmente en adquirir tecnología?
Para mí, uno de los mayores riesgos es que la inteligencia artificial avance mucho más rápido que la capacidad de las instituciones para comprenderla y utilizarla adecuadamente.
Y en el Estado las consecuencias pueden ser especialmente importantes.
Porque no estamos hablando solamente de productividad o rentabilidad.
Estamos hablando de recursos públicos, transparencia, calidad de los servicios y decisiones que afectan directamente a los ciudadanos.
Por eso, la incorporación de IA también necesita reglas claras, protección de datos personales, mecanismos de supervisión humana y responsabilidades bien definidas.
Un Estado más inteligente no debería ser solamente un Estado que utiliza más inteligencia artificial. Debería ser un Estado que toma mejores decisiones, utiliza mejor sus recursos y presta mejores servicios a los ciudadanos.
La experiencia sigue siendo importante, pero no alcanza
Este es otro aspecto sobre el que vengo reflexionando últimamente.
Durante muchos años, la experiencia acumulada fue uno de los principales activos de un ejecutivo.
Haber participado en implementaciones, atravesado crisis, gestionado equipos y tomado decisiones difíciles nos daba herramientas para enfrentar nuevos desafíos.
Con la llegada de la IA, algunos comenzaron a preguntarse si esa experiencia seguiría teniendo el mismo valor.
Yo creo que puede suceder exactamente lo contrario.
Cuanto más fácil sea acceder al conocimiento técnico, más importante puede volverse la capacidad de interpretarlo y aplicarlo correctamente.
Porque una cosa es obtener una respuesta y otra muy diferente es saber qué hacer con ella.
Y esto también aplica al liderazgo político.
No alcanza con conocer las posibilidades de la inteligencia artificial. Hay que comprender los problemas que se quieren resolver, evaluar las consecuencias de las decisiones y asumir la responsabilidad por los resultados.
Pero también hay una condición fundamental.
La experiencia solamente tiene valor si estamos dispuestos a seguir aprendiendo.
Haber trabajado durante 25 o 30 años en tecnología, en una empresa o en la administración pública no garantiza que estemos preparados para lo que viene.
De hecho, puede convertirse en una limitación si pretendemos resolver los nuevos desafíos utilizando exactamente los mismos modelos del pasado.
Para mí, la combinación más interesante es experiencia, curiosidad y capacidad de adaptación.
Y creo que eso es tan importante para un CTO como para un intendente, un ministro o cualquier persona con responsabilidades de liderazgo.
No se trata solamente de incorporar tecnología. Se trata de desarrollar capacidades.
El informe también aporta otro dato interesante.
El 93% de los ejecutivos encuestados declara estar involucrado, en mayor o menor medida, en el desarrollo de talento dentro de sus organizaciones.
Creo que este punto es fundamental.
No podemos esperar que todas las capacidades que necesitamos para esta nueva etapa aparezcan espontáneamente en el mercado.
Tenemos que desarrollarlas.
Y en el sector público esto representa un desafío particular.
No alcanza con capacitar a los equipos de tecnología. También necesitamos que quienes diseñan políticas públicas, administran presupuestos, gestionan servicios y toman decisiones comprendan cómo utilizar estas herramientas.
No pretendo que todos los funcionarios sepan desarrollar agentes de IA.
Pero sí creo que deberían entender qué problemas pueden resolver, cuáles son sus limitaciones, qué riesgos presentan y cómo evaluar si una iniciativa está generando resultados.
También tenemos que generar espacios donde el sector público, las empresas, las universidades y los profesionales de la tecnología puedan trabajar juntos.
Argentina tiene talento tecnológico, profesionales con experiencia internacional y un ecosistema emprendedor que ha demostrado su capacidad para desarrollar soluciones competitivas.
El desafío es encontrar mecanismos para que ese conocimiento también contribuya a mejorar nuestras instituciones.
Y creo que ahí existe una oportunidad muy interesante para conectar el mundo de la tecnología con el de las políticas públicas.
Una oportunidad para repensar la gestión pública
Después de tantos años trabajando en tecnología empresarial, desde las primeras implementaciones de ERP hasta las soluciones de inteligencia artificial y los agentes que estamos desarrollando actualmente, hay algo que sigo viendo constantemente.
Muchas veces, el mayor obstáculo para una transformación no es la tecnología.
Son los procesos, las estructuras organizacionales, la resistencia al cambio o la falta de una visión clara de lo que queremos lograr.
En las empresas aprendimos que implementar un sistema nuevo sin revisar los procesos existentes puede terminar simplemente trasladando las mismas ineficiencias a una plataforma más moderna.
Creo que en el Estado sucede algo parecido.
Podemos incorporar inteligencia artificial en un organismo público, pero si no revisamos cómo se toman las decisiones, cómo se organizan las responsabilidades y cómo se mide el desempeño, probablemente estemos desaprovechando gran parte de su potencial.
Por eso, me parece que el debate sobre IA y gestión pública debería concentrarse menos en las herramientas y más en los resultados.
¿Qué servicios podemos mejorar?
¿Qué procesos podemos simplificar?
¿Cómo podemos utilizar mejor los recursos?
¿Cómo podemos ofrecer mayor transparencia y facilitar la relación entre los ciudadanos y el Estado?
Y, sobre todo, ¿cómo hacemos para que estas mejoras sean sostenibles y no dependan exclusivamente de una gestión o de determinadas personas?
La tecnología puede ayudar muchísimo, pero necesita instituciones capaces de incorporarla y sostenerla a lo largo del tiempo.
Una reflexión final
Hay una frase del informe de Suárez Battán & Asociados que resume muy bien este momento:
El desafío del CIO ya no parece ser entender la tecnología, sino conducir la transformación que genera.
Coincido plenamente.
Y me animaría a extender esa reflexión más allá del ámbito empresarial.
El desafío de nuestros líderes, tanto en el sector privado como en el público, ya no es solamente comprender la inteligencia artificial, sino tener la capacidad de conducir las transformaciones que esta tecnología hace posibles.
Creo que Argentina tiene una oportunidad importante.
No porque la IA vaya a resolver mágicamente nuestros problemas estructurales, sino porque nos ofrece herramientas que antes no teníamos para analizar información, simplificar procesos y mejorar decisiones.
Pero esas herramientas necesitan liderazgo, experiencia, nuevas capacidades y una visión de largo plazo.
La IA puede ayudarnos a encontrar respuestas cada vez mejores.
Pero todavía necesitamos líderes que sepan hacer las preguntas correctas.
Y quizás la pregunta más importante que deberíamos hacernos hoy sea:
¿Cómo aprovechamos esta revolución tecnológica para construir no solamente empresas más eficientes, sino también un Estado que funcione mejor para todos?
Fuente: Suárez Battán & Asociados (octubre de 2026). La Agenda del Ejecutivo de Tecnología 2026. Encuesta realizada a 125 ejecutivos de tecnología de Argentina. Consultar el informe original
