IA: ¿Por qué la “supercomputadora” a veces se queda sin nafta?

Por Gustavo González – Tecnología al Paso

¿Vieron cuando sale un electrodoméstico nuevo que promete hacer de todo y todos corremos a comprarlo porque parece que nos va a cambiar la vida? Con la Inteligencia Artificial (IA) está pasando algo parecido: estamos en plena “fiebre del oro”. Pero, como toda novedad, después del entusiasmo inicial llega el momento de ver la realidad.

Un informe reciente de la prestigiosa consultora Gartner encendió las alarmas: se estima que al menos el 50% de los proyectos de IA en las empresas no llegan a buen puerto. Es decir, la mitad fracasa o se abandona antes de dar resultados.

¿Por qué pasa esto si la tecnología parece “mágica”? Vamos a bajarlo a tierra.

1. El problema de los “ingredientes”

Para que una IA funcione, necesita datos. Muchos datos. Pero no cualquiera: tienen que estar ordenados y ser ciertos. Como ya charlamos en nuestra nota sobre la importancia de la educación digital, la tecnología es una herramienta que depende de cómo la alimentemos.

Si una empresa tiene sus archivos desordenados o información vieja, es como querer hacer una torta de bodas con harina con gorgojos: por más que el horno (la IA) sea de última generación, el resultado va a ser incomible.

2. El costo de “mantener la luz prendida”

Según la nota publicada en Clarín, uno de los grandes frenos es el costo. Entrenar y mantener estos sistemas inteligentes es carísimo. Muchas empresas se lanzan a la pileta sin antes practicar un poco de minimalismo en sus procesos.

A veces, menos es más. Antes de gastar fortunas en una IA que quizás no necesitás, es mejor simplificar lo que ya tenés. La consultora Gartner advierte que, si el beneficio no es claro, la billetera se agota antes de que la máquina aprenda a trabajar.

3. El factor humano: ¿Ayuda o carga?

Este es el punto que más me dolió leer: en empresas gigantes como Amazon, se vio que a veces la IA, en lugar de facilitarle la vida al empleado, le dio más trabajo. El trabajador tiene que estar corrigiendo a la máquina o cargando datos extra.

Esto nos genera ese estrés digital del que hablamos cuando mencionamos el paso del FOMO al JOMO. Si la tecnología nos quita la alegría de trabajar o nos complica el día a día, entonces algo estamos haciendo mal. La tecnología debe estar al servicio de la persona, no al revés.

¿Qué nos queda de esto?

No significa que la IA no sirva. Al contrario, tiene un potencial enorme. Pero para que funcione de verdad, tanto para una empresa multinacional como para nosotros en casa, necesitamos:

Orden: Datos limpios.

Conciencia: Saber cuánto nos cuesta (en tiempo y dinero).

Humanidad: Que la máquina sea un asistente y no un jefe tirano.

Como siempre decimos en este rincón, la tecnología es más linda cuando la entendemos y la dominamos nosotros, sin dejar que ella nos maneje la vida.